Estar vivo ya es una ocasión especial

“El cáncer me enseñó a dejar de guardar cosas para una ocasión especial. Cada día es especial. No tienes que tener cáncer para vivir una vida al máximo. ¿Mi filosofía post-cáncer? No hay pérdida de tiempo. No hay ropa fea. No hay películas aburridas”. Regina Brett.

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Todo lo que se necesita para alcanzar la felicidad

“Hemos recorrido carreteras infinitas y levantado a todo un festival con nuestros superpoderes, hemos bailado hasta que todo acabase, hemos flotado y hemos volado. Hemos ganado tiempo, estando de fiesta a todas horas…
Hemos confesado que no sabemos dibujar un perro, y comprobado que una imagen siempre vale mucho más que mil palabras. Que existen los triángulos ideales, y que en un concierto también se puede estar a tres metros sobre el cielo, mientras cae una tormenta de arena.
Yo, me iría con vosotros a cualquier otra parte, porque hacia tiempo que yo ya no sonreía tanto.
Gracias”.
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He perdido la ilusión

Abril: iniciando nuevos proyectos, un millón de planes por hacer, la cabeza llena de historias bonitas que contar y ganas infinitas de transmitir al mundo lo feliz que se puede ser si haces lo que te gusta.

Julio: estrés, desilusión, cabeza llena de ‘y si…’, mil decisiones que tomar… Y los días pasan sin que apenas pueda saborearlos, ni disfrutar de las cosas buenas que me dan, simplemente las horas pasan y yo con ellas. La misma rutina y la misma sensación de querer que el día acabe cuanto antes.

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Querido 2016

Querido 2016:

Antes de que llegaras ya tuve la sensación de que ibas a ser un año lleno de emociones y cambios. Y no me equivocaba en absoluto.

Has sido uno de los años más complicados, y de los más intensos que recuerdo. Has sido un año de primeras y últimas veces. De sonoras risas, y de intensos llantos. De reencuentros y de despedidas. De nuevas oportunidades, de tomar nuevos caminos, de tomar decisiones con empujones acertados, y de otras muchas cosas que sólo recordaremos tú y yo.

A pesar de que algunas veces he sentido que no estabas siendo del todo justo conmigo, y con los míos, mirándolo con un poco más de perspectiva me he dado cuenta de por qué pusiste todas aquellas piedras en mi, y nuestro, camino. Y además de piedras, también te encargaste de poner frente a mí a un montón de perlas y diamantes, como dice Albert Espinosa en su novela ‘Si tú me dices ven, lo dejo todo… pero dime ven‘. Has sido un año de retomar viejos hábitos, de recordar viejas costumbres, de afrontar miedos pasados, y de plantarle cara a todo (y a todos).

Me has enseñado que tengo que rodearme en mi vida de gente que sume y que me haga ser mejor persona. Me has dado la oportunidad de seguir formándome y transformándome a los antojos del mundo laboral. Me has enseñado cuando hay que coger un tren que pasa, pero más importante aún, cuando bajarse, a pesar de que esté en marcha.

Que la salud física, y sobre todo mental, están por encima de todo. Y gracias a eso, he aprendido a decir que ‘no’, aunque todavía me falta mucha práctica…

Quiero decirte, que te recordaré siempre por ser el año en el que tuve que perder muchas cosas para encontrarme, pero también por ser el año en el que me hice más fuerte y, sobre todo, mucho más valiente.

 

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Nos asusta tomar decisiones

Nos asusta tomar decisiones. Nos aterra tener que enfrentarnos de nuevo a lo desconocido, cuando apenas hemos terminado de adaptarnos a lo que tenemos.

No nos resulta fácil empezar de cero en otro país, en otra ciudad, en un nuevo puesto de trabajo, conocer a nuevos compañeros en la universidad… Pero, ¿te has preguntado alguna vez hasta dónde puedes llegar si sales del lugar en el que te encuentras?

Es difícil tomar decisiones pero, ¿sabéis por qué? Porque todos tenemos miedo a equivocarnos y a que las cosas no salgan cómo pensamos. “¿Qué pasará si monto una tienda y al final tengo que cerrarla porque el negocio no va bien?“. “¿Qué pensará mi familia, y mis amigos, y mi pareja…?“. “¿Cómo voy a dejar este trabajo en el que gano tanto dinero, aunque no me guste?“. “Tengo que pagar muchas facturas, ¿cómo voy a dedicarme a lo que me gusta en vez de tener un trabajo fijo?“. Cientos y cientos de preguntas como estas pasan a diario por nuestra cabeza cuando nos encontramos ante una decisión que puede cambiar el rumbo de nuestras vidas.

Una de las frases publicadas en cosasquesepierdenconeltiempo.wordpress.com, es esta: “Si en dónde estás no floreces, muévete de lugar“. Y pensarás, ¿qué fácil es decirlo, verdad?

No eres el único al que le da miedo tomar decisiones. No eres el único que siente pánico a la hora de enfrentarse a un nuevo trabajo… Pero, ¿queréis que os diga cuál es la clave?

Creo que la clave está en creer en uno mismo y en todo lo que somos capaces de hacer. Cuando alguien evoluciona también evoluciona todo a su alrededor, y es muy importante saber rodearse de otras personas que crezcan en la misma dirección.

No tengas miedo de ser el único que entienda las decisiones que quieres tomar en la vida. Para eso tu vida es tuya, ¿no? Toma tus decisiones con coraje, positivismo, ilusión, y en ocasiones, también con una cierta dosis de locura. Porque la vida solo la entenderemos cuando dejemos de buscar explicaciones.

Cuando tratamos de ser mejores de lo que somos, todo a nuestro alrededor también se vuelve mejor, Paulo Coelho.

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Hay veces que se me olvida sonreír

No hace mucho iba en el metro, como de costumbre, jugando con el móvil y escuchando música. Cuando vi que el señor que tenía sentado al lado se quedaba mirando mi pantalla.

Yo, sin darle mayor importancia, continúe leyendo el Twitter y contestando mensajes de WhatsApp, cuando a los pocos minutos, el señor me preguntó: “¿No me vas a dejar leer eso de sonreír?”. Al principio, me quedé extrañada, no sabía de lo que me estaba hablando. Pasados unos segundos recordé mi fondo de pantalla; una foto de Charles Chaplin, con la siguiente frase:

“Nunca te olvides de sonreír, porque el día que no sonrías será un día perdido”.

Le mostré la pantalla del móvil, para que pudiera leer la frase. Cuando terminó, el hombre se quedó reflexionando unos minutos, y después, me preguntó: “¿Hay veces que se te olvida sonreír?”. Yo me quedé un poco desconcertada sin saber qué responder. Y luego le dije: “A veces, por eso llevo esa frase en la pantalla. Siempre es bueno recordarlo, y por lo menos al mirarlo, sonrío”.

Continuamos hablando un par de paradas más, y al despedirme de aquel hombre, le dije: “No se olvide de sonreír”.

Al bajarme del vagón, me quedé pensando. Se me quedó marcado ese momento. Esa pregunta. “¿Hay veces que se te olvida sonreír?”. Pues sí, hay veces en las que se me olvida algo tan simple. Y no es que tenga motivos para no ser feliz, porque no los tengo; sino que muchas veces siento dentro de mí una sensación de vacío que no sé qué es lo que me falta, cual puede ser la pieza que complete el hueco que me queda por rellenar.

Sin embargo, y tras pensarlo un poco cada día, no puedo pasarme 24 horas sin sonreír, siempre hay un motivo, por pequeño que sea.

A todas las personas que me hacen sonreír cada día, estén o no estén. Gracias.

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