Querido 2017…

Querido 2017:
En realidad no quiero que termines… Has sido un gran año. Y si tuviera que utilizar una palabra para definirte, sin duda, sería ‘aventura’.

Empecé el año en Londres, paseando por las calles de Candem y sonriendo en un selfie delante del Big Ben; después cogí un autobús para perderme en el encanto árabe del centro de Granada, y admirar la belleza de la Alhambra en el frío de febrero. En marzo decidí no irme tan lejos, y disfrutar de la naturaleza de Ávila, y en abril solo me apetecía respirar el aire puro de mi paraíso sanabrés. En julio la playa tomó el papel protagonista. Después de varios años sin tomar el sol, me achicharré como una lagartija en La Manga, y salté cantando canciones hasta quedarme afónica, frente a los escenarios del Low Festival de Benidorm. En agosto fui más consciente, si cabe, de por qué elegí que Sanabria sería siempre mi hogar.

Entre septiembre y octubre creo que cogí más aviones que coches, viajando por Bruselas, Brujas, Gante, Ámsterdam, Disneyland París y París. Y solo un poco más tarde subía y bajaba las infinitas cuestas de Lisboa.

La vida es un continuo viaje, hay personas que comparten con nosotros cada alto en el camino y otros que te abandonan cuando llega su estación. Hay veces que incluso te obligan, de un empujón, a saltar de un tren en marcha. Pero luego hay otras veces en las que, sin esperarlo, alguien aparece, y en vez de darte la mano te coge el corazón, y sientes que a partir de ese momento, no volverás a viajar solo, sino que siempre tendrás que comprar más de un billete.

Todavía no he pensado cuál será mi propósito para 2018. Aquello que no quiero dejar de hacer durante los meses que quedan por delante. Pero solo espero que viajar esté entre las prioridades de mi lista.

Deja un comentario